Y tal amor despierta en nuestro pecho
El mundo de recuerdos que nos llama
A la vida otra vez, cuando la sangre
Herida brota con angustia el alma;
–La imagen del amor que nos consuela
Y las memorias plácidas que guarda!
Así, se siente llegar a Puerto Padre, o recordarlo. El foráneo que no entiende este sentimiento, puede que alguna vez haya tildado a los puertopadrenses de altivos en demasía o chovinistas. Nada más alejado de la verdad, es que desde pequeño los padres te inculcan un sentimiento de orgullo heredado de abuelos, tios, familia.
El sentimiento de haber nacido en la tierra cuyos fundadores se preocuparon tanto en que creciera economicamente como en embellecer el ornato público.
Y ese mar que recibe al viajero ausente, que acaricia a los enamorados, que funde la sal en el rostro del doliente, es fuente de vida y alma de nuestro pueblo.
No es amor ciego: Puerto Padre tiene cosas
Emiliano Salvador hijo, inmortalizó a la Villa de los Molinos, como también se le conoce a Puerto Padre, con una pieza antológica del catálogo cubano de la música: “A Puerto Padre me voy”, obra que interpretó Richar Egûes,Miguelito Cuní, Pablo Milanés, entre otros, hasta llegar a las nuevas generaciones, que lo han versionado hasta en el género electrónico como es el caso del DJ K-DJ.
Otro tema antológico se gestó también en Puerto Padre: en el río la Morena José Urfé, se inspiró en el sombrero de Barreto, para escribir ese clásico que lleva el nombre de “El Bombín de Barreto. El sombrero de su amigo, desentonaba notablemente en el grupo.
Así cantores, poetas, pintores tanto en melancolía, broma o ensueño inspirador, revelan al mundo, a través de su obra, no sólo el amor que inspira sino también las maravillas de una ciudad llena de gente trabajadora, culta y cálida. Gente, que aunque parta a otras tierras, siempre clama con orgullo y amor:Yo soy puertopadrense.




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